Lanzándonos al Hades

thrown into hadesEntonces comenzó a increpar a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido…. Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás elevada hasta el cielo? ¡Hasta el Hades descenderás! Porque si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, ésta hubiera permanecido hasta hoy. Sin embargo, os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti. (Mateo 11:20, 23-24 LBLA modificada)

Los seres humanos tomamos malas decisiones, y la gente de Capernaúm tomó una mala decisión…. Luego de ver a Jesús realizar milagros en medio de ellos, no le acogieron como Mesías ni se interesaron por obedecer sus enseñanzas.

El “ay” de Jesús no los ubica en una posición pasiva frente a él, sino como seres responsables a quienes sus ojos fueron abiertos para ver lo nuevo que Dios estaba haciendo en medio de Israel. La sentencia de Jesús se da porque la respuesta de Capernaúm fue inesperada. Después de todo, fue Jesús quien hizo los milagros entre ellos y los habitantes de esta ciudad pertenecían al pueblo de Dios, Israel. ¿Cómo era posible que teniendo la esperanza mesiánica delante de sus ojos la rechazaran?

Siendo honestos, no es tan difícil rechazar a Dios. Solo basta dar prioridad a nuestros asuntos, a nuestra rutina y a lo que conocemos. Tener ojos y no echar mano de lo que Dios ofrece en Jesucristo es sencillo: solo necesitamos continuar con la vida que llevamos. La inacción frente al llamado de Dios es a su vez una acción. No arrepentirse es seguir caminando en la misma dirección a pesar de las advertencias en el camino.

El texto nos presenta la intención de Dios para Capernaúm: elevarla hasta el cielo. Dudo mucho que se trate de una afirmación literal. La expresión parece sugerir el juicio positivo de Dios sobre la ciudad de esta haber aceptado a Jesús. Pero el texto contrarresta esta perspectiva a la luz de la poca recepción que recibió Jesús. “¡Hasta el Hades descenderás!”

Si bien el juicio de Dios sobre la ciudad es una sentencia que garantiza el castigo, la expresión “¡Hasta el Hades descenderás!” enfatiza que la sentencia negativa es la total responsabilidad de Capernaúm. El verbo «descenderás» (καταβήσῃ) está en voz media, lo que enfatiza una acción del sujeto sobre sí mismo. Capernaúm “se descenderá” o “se bajará” hasta el Hades con su falta de arrepentimiento frente a Jesús.

Al final, el evangelio nos dice que somos responsables de nuestro destino y pone dos caminos ante nuestros ojos. Podemos aceptar la gracia divina, por la cual Dios nos elevará “hasta el cielo” o podemos rechazarla, arrojándonos temerariamente hacia el Hades.

¿En qué sentidos nos negamos a aceptar el llamado de Jesucristo a nuestras vidas?

¿Qué te impide asumir el llamamiento que Dios te hace?

Elijamos el mejor camino. Pongamos nuestra lealtad en Jesús.

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“Echad la red”

 

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Cuando ya amanecía, Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Entonces Jesús les dijo: Hijos, ¿acaso tenéis algún pescado? Le respondieron: No. Y El les dijo: Echad la red al lado derecho de la barca y hallaréis pesca. Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces. (Juan 21:4-6 LBLA)

Jesús resucitó. Eso ya los discípulos lo sabían. Al final, la muerte no pudo vencerle. El pecado fue quitado del mundo, Satanás fue derrotado… y cada cual regresó a lo cotidiano de la vida. Los discípulos regresaron a Galilea y se dispusieron a pescar.

Después de una noche larga y sin resultados, ya saliendo el sol, los hombres escucharon una voz anónima desde la orilla: “Hijos, ¿acaso tenéis algún pescado?”. ¡Qué ironía! Ellos en una barca rodeados de mar y solo capaces de responder: “No”. Ni uno solo.

“Echad la red al lado derecho de la barca y hallaréis pesca”…. ¿Quién es ese hombre? ¿Qué sabía él? Pero, ¿había algo qué perder con intentarlo? Ya habituados por una noche de trabajo, lanzaron la red una vez más. ¿Por qué lo hicieron? Luego ninguno pudo explicarlo.

La voz de Jesús se insertó donde no había sido solicitada y su mandato fue enviado a unos que ignoraban su identidad. Solo después del milagro uno de los discípulos exclamó: “¡Es el Señor!” (Jn 21:7). La red vacía se llenó de peces y junto a ella la conciencia del Resucitado junto a ellos.

Frente a la muerte

Neil deGrasse es uno de los científicos más populares en la actualidad. Disfruté mucho su serie Cosmos: A Spacetime Odyssey (2014) y en el internet me he encontrado viendo muchos de sus vídeos sobre las ciencias y la vida. Uno de los vídeos disponibles presenta a Larry King entrevistando a Neil sobre su opinión de la muerte y la vida después de la muerte. No es un secreto que Neil es un agnóstico respecto a la existencia de un ser supremo y que asume el naturalismo como filosofía de vida.

En un momento de la entrevista Neil dice lo siguiente:

Es el conocimiento de que voy a morir que crea el enfoque que traigo a estar vivo: la urgencia del logro, la necesidad de expresar amor ahora, no después. Si vivimos para siempre, ¿por qué incluso levantarse de la cama en la mañana? Porque siempre tendrás un mañana. Ese no es el tipo de vida que quiero vivir…. Temo vivir una vida en la que pude haber logrado algo y no lo hice. Eso es lo que temo. No le temo a la muerte.

Creo que la posición que asume Neil es razonable. Si esta vida es todo lo que hay, debemos vivir con la urgencia de que tenga algún sentido. Si la muerte es inevitable, es responsable hacer las paces con ella. Si la muerte significa un regreso a la inexistencia (como el tiempo anterior a ser concebidos), esto no parece ser tan malo: nada se siente, nada se padece, nada se piensa.

¿Qué piensas de esto? ¿Es la muerte el final de todo? Sigue leyendo

El Rey de Gloria (Salmo 24)

1 Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el mundo y todos sus habitantes,
2 porque Él la fundó sobre los mares,
Él la asentó sobre los ríos.

El Salmo 24 comienza afirmando que todo cuanto existe le pertenece al Señor. Su derecho de propiedad se funda en el acto creador.

Debido a la predominancia del mal en el mundo, en ocasiones creemos que las fuerzas de Satán tienen el dominio sobre la creación. Este salmo nos alienta y nos dice: “No, Dios sigue siendo el Señor”. El Dios creador dio comienzo al universo y lo mantiene en existencia hasta el día de hoy. Como Él es el Señor, está en su poder encaminar la creación hacia el reino escatológico predicado por Jesús.

3 —¿Quién puede subir al monte del Señor?,
¿quién puede estar en el recinto sagrado?
4 —El de manos inocentes y corazón puro,
que no suspira por los ídolos ni jura en falso.
5 Ese recibirá del Señor la bendición
y el favor de Dios su Salvador.
6 —Esta es la generación que busca al Señor;
que viene a visitarte, Dios de Jacob.

El texto plantea unos criterios para que los judíos accediesen a la presencia del Señor en el templo de Jerusalén. Solo aquel “de manos inocentes y corazón puro, que no suspira por los ídolos ni jura en falso” lo puede hacer. La mención del corazón apela a la interioridad, a la disposición interna del ser humano. Aquel que manifiesta estas características recibe por gracia la bendición y el favor divinos. Aquellos que tienen a Dios en primer lugar, que buscan agradarle en todo, pertenecen a “la generación que busca al Señor”.

7 —¡Portones, alcen los dinteles!
Levántense, puertas eternales,
y que entre el Rey de la Gloria.

8 —¿Quién es ese Rey de la Gloria?
—El Señor, héroe valeroso,
el Señor, héroe de la guerra.

9 —¡Portones, alcen los dinteles!
Levántense, puertas eternales,
y que entre el Rey de la Gloria.

10 —¿Quién es el Rey de la Gloria?

—El Señor Todopoderoso,
él es el Rey de la Gloria.

El salmo termina con varias estrofas paralelas. Los vv. 7 y 9 hacen una orden a los portones y puertas del templo para que el Rey haga su entrada. Los vv. 8 y 10 nombran características de ese Rey: héroe valeroso, héroe de la guerra, Señor Todopoderoso.

El detalle que sobresale en estos versos es la gloria del Señor, que se funda sobre sus actos heroicos en favor de su pueblo. Esto profundiza aún más lo visto en los vv. 1-2. Dios no es únicamente Señor sobre la creación, sino que también es Señor sobre su pueblo. Él le cuida, le protege y bendice.

Respondiendo al mensaje del Evangelio

El llamado de los pescadoresPredicación dada el 25 de enero de 2015 en la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) de Puerto Rico en Bo. Calzada, Maunabo.

Texto bíblico: Marcos 1.14-20 (LBLA)

14 Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios, 15 y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.

16 Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, echando una red en el mar, porque eran pescadores. 17 Y Jesús les dijo: Seguidme, y yo haré que seáis pescadores de hombres. 18 Y dejando al instante las redes, le siguieron. 19 Yendo un poco más adelante vio a Jacobo, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca, remendando las redes. 20 Y al instante los llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras El.

Imagínese que se encuentra en su trabajo y de momento aparezca un sujeto que usted no conoce y le diga: “Sígueme”. Lo primero que usted le preguntaría sería: “¿Quién eres tú?” Lo segundo que le preguntaría: “¿Por qué debo abandonar mis responsabilidades para seguirte?” Yo, en particular, seguramente me negaría a tal solicitud. No estoy loco. No pondría mi vida en riesgo por alguien desconocido.

El pasaje al que le hemos dado lectura nos deja perplejos. Simón y Andrés, quienes eran hermanos, se encontraban echando las redes en el mar y, de momento, escucharon el llamado de Jesús, dejaron lo que estaban haciendo y le siguieron. Luego, un poco más adelante, Juan y Santiago, que preparaban las redes para echarlas al mar, son llamados por Jesús y, dejando a su padre, le siguieron. Se plantea, entonces, una pregunta: ¿qué escucharon ellos que los hizo abandonarlo todo? La respuesta a esta pregunta es importante pues nos dará una clave interpretativa para entender, no solo este pasaje, sino el libro de Marcos.

Para comenzar a comprender lo que sucedió con los discípulos debemos analizar los primeros versículos del evangelio según Marcos. El evangelio comienza en un ambiente de cumplimiento profético: Dios le promete a Jesús un mensajero que preparará su camino y entonces aparece Juan. Luego Juan anuncia a uno más poderoso que él y llega Jesús. Veamos entonces lo que sucede en Mc 1.9-10: “Y sucedió que en aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y cuando salía del agua, inmediatamente, él vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Y una voz vino de los cielos: ‘Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido’”.

En el pensamiento de Marcos (y de otros escritores del NT) el mundo antes de la venida de Jesús se encontraba sometido al imperio de Satanás. Las experiencias humanas de pobreza, enfermedad y posesión satánica eran la consecuencia de un mundo en el que Dios no reinaba. Pero fíjese lo que sucede cuando Jesús es bautizado: Jesús ve que el cielo es rasgado. Cuando los niños en Navidad reciben sus regalos, ellos no piensan en reutilizar el papel que los envuelve. Rasgan el papel, lo rompen, porque desesperan en tener lo que está dentro de la envoltura. Cuando el cielo se rasgó fue abierto para no volverse a cerrar. Cuando Jesús fue bautizado se abrió una ventana entre el ámbito humano y celestial. Pero eso no es todo… Para que la creación sea libre de los poderes de Satán hace falta una fuerza capaz de oponérsele. Esa fuerza es el Espíritu de Dios. Tras el cielo rasgarse Jesús vio cómo el Espíritu Santo descendía sobre él. Luego Jesús escuchó una voz que le decía: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido”. Así, en el evangelio de Marcos, Jesús queda establecido como el guerrero que le hará batalla a Satán y salvará a la humanidad.

Luego Marcos 1.12-13 nos dice lo siguiente: “E inmediatamente, el Espíritu le expulsó hacia el desierto; y estaba en el desierto durante cuarenta días, siendo tentado por Satán; y estaba con los animales salvajes y los ángeles le servían”. El Espíritu pone a Jesús en el campo de batalla y lo expone durante cuarenta días a la experiencia de Adán en el Edén y del pueblo de Israel en el desierto. El Hijo de Dios es tentado por Satanás. No se dice nada del desenlace de la experiencia desértica, pero entonces llegamos al texto que leímos hoy. “Pero después que Juan fue entregado, Jesús vino a Galilea, proclamando el evangelio de Dios y diciendo: ‘El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado. Convertíos y creed en el Evangelio’” (Mc 1.14-15). Sabemos que Jesús venció porque vino a Galilea dando buenas noticias: Dios ha comenzado a irrumpir en la creación y a comenzado a establecer su dominio entre los seres humanos; la era antigua a comenzado a ser parte del pasado y ya es posible vivir en el tiempo y espacio de Dios (nueva creación). “Convertíos y creed en el evangelio.” El llamado de Jesús es a responder en fe a lo que Dios ha comenzado a hacer, pasando así del reino de Satanás al reino de Dios.

Es entonces cuando Jesús se fija en estos hombres que realizaban su profesión de pescadores y los llama con intención: “Venid en pos de mí y haré que seáis pescadores de seres humanos” (Mc 1.17). La expresión “pescadores de seres humanos” tiene varios sentidos: anuncia la predicación misionera, la enseñanza y los exorcismos de los discípulos en el futuro. A través de estas palabras Jesús les invita a participar de la guerra escatológica de Dios contra las fuerzas del mal.

Llegados hasta aquí podemos comenzar a contestar la pregunta que nos planteábamos al inicio: ¿qué escucharon los discípulos que los hizo abandonarlo todo? Los discípulos escucharon la buena noticia de que Dios había venido en su rescate y, más aún, que los invitaba a ser parte de los guerreros en la misión de rescatar vidas de las garras de Satán y a participar en el ministerio de la reconciliación del mundo con Dios.

La respuesta humana al llamado de Dios nunca se da en el vacío. Los discípulos respondieron a las palabras de Jesús “inmediatamente” porque la llegada del reino de Dios era algo que ellos esperaban. El evangelio tiene el poder de encender la esperanza en el corazón del que lo escucha. ¡El evangelio es una buena noticia! Nunca nos olvidemos de esto. La buena noticia es que Dios nos amó tanto que se acercó a nuestra realidad a través de Jesucristo y venció sobre los poderes de maldad para que vivamos y experimentemos la nueva creación.

Cuando el ser humano cree que la era escatológica se ha insertado en el presente, no solo responde inmediatamente sino que toma una decisión drástica. Si se quiere ser embajador y ciudadano del reino de Dios no se puede vivir igual, haciendo las mismas cosas como si nada hubiese ocurrido. Pedro y Andrés abandonaron su profesión de pescadores. Juan y Santiago dejaron a su padre y su profesión. Nuestras circunstancias son diferentes a la de estos primeros discípulos pero el llamado de Dios y nuestra respuesta no dejan de tener implicaciones importantes. Cuando aceptamos con fe el llamado de Jesús se da un quiebre con el pasado.

En 2 Corintios 5.17 Pablo dice: “Si alguien está unido a Cristo, hay una nueva creación. Lo viejo ha desaparecido y todo queda renovado” (PDT). La traducción literal del griego sería: “Si alguno está en Cristo—¡nueva creación!” Fíjese lo que esto significa: esos que han aceptado la irrupción del Dios vivo en la historia a través de Jesucristo y han vuelto su vida a Él son transformados en nueva creación. El futuro del cosmos que todos esperamos se anticipa en el presente por la gracia de Dios manifestada en nuestra fe. Pablo anuncia en sus cartas que a través de la cruz Dios ha anulado el cosmos de pecado y muerte y ha establecido un nuevo cosmos. Nosotros, por la fe, somos nueva creación. Por eso en 1 Corintios 10.11 Pablo se describe a sí mismo y a sus lectores como esos “para quienes ha llegado el fin de los siglos” (LBLA).

La llamada a los discípulos pone ante nosotros dos exigencias. Primero, los creyentes no podemos vivir como lo hacíamos antes. Debemos romper tajantemente con el pasado. Debemos mostrar lo que somos, nueva creación. El nuevo orden en el que nos insertamos pide de nosotros nuevos hábitos y una nueva conducta ante la vida. Por ejemplo: Saque tiempo para hablar con Dios. Haga el hábito de estudiar la Biblia. Establezca relaciones de amor y reciprocidad con los hermanos de la fe, deles tiempo, porque ellos son su familia.

Todo el tiempo nos comprometemos con cosas que nos cambian la vida. Se los ilustro con una experiencia sencilla que todos de una u otra manera hemos tenido: el trabajo. Hace más de dos años tuve un corto empleo de verano en Toa Baja. Ese mes fue para mí muy intenso y requirió que hiciese cosas que no hacía usualmente. Todos los días debí levantarme sumamente temprano, viajar hacia allá desde Humacao, atender grupos grandísimos de niños de tercer a duodécimo grado, etc., etc. En fin, mi vida durante ese periodo cambió. Así como las nuevas responsabilidades que conllevó mi trabajo durante ese mes, la fe cambia nuestra conducta, nuestros planes y nuestro discurso. La fe en lo que Dios ha hecho exige una reorientación total de la vida.

La segunda exigencia que pone en nosotros el llamado de Dios es la de compartir con otros el evangelio de Cristo. El evangelio es una buena noticia. El Papa Francisco, en un texto que redactó llamado Evangelii Gaudium, comienza diciendo unas palabras que creo ciertas:

La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.

Si nuestro evangelio es una noticia alegre, unas palabras que anuncian el amor de Dios por el ser humano y su intención de salvarnos, ¿por qué no compartirlo? Si Dios quiere insertarnos en la nueva era que fue inaugurada en Jesús, ¿por qué no responder en fe? Si nuestro anuncio enciende la esperanza en el corazón, ¿por qué no responder en alabanzas a nuestro Dios? No debemos temer compartir estas buenas noticias. ¡Son buenas noticias!

Hoy le pedimos a Dios que encienda la llama de la fe en nuestros corazones en respuesta al anuncio de su evangelio. Le pedimos, además, que la fuerza de su Espíritu nos impulse a pescar seres humanos para su reino, proclamando alegremente que Dios se ha aparecido en Jesucristo para salvarnos. Amén.

La visión moral del Nuevo Testamento (4)

The Moral Vision of the New Testament - Richard B. Hays¿Cuáles son las categorías que guían el pensamiento ético de Pablo? Continuamos resumiendo algunos de los planteamientos de The Moral Vision of the New Testament: Community, Cross, New Creation, A Contemporary Introduction to New Testament Ethics de Richard B. Hays.

CAPÍTULO 1

Pablo: La koinōnia de sus sufrimientos

2. El marco teológico de la ética paulina

(b) La cruz: paradigma de fidelidad. La cruz de Jesús es un símbolo fundamental del pensamiento de Pablo. La abundancia de referencias a la cruz contrasta con la ausencia de alusiones a la vida ministerial de Jesús. Dada su importancia, ¿qué significaba para Pablo la crucifixión de Jesús? La respuesta es compleja:

En la cruz se dio el clímax de los tiempos, un cambio de era. En la cruz Jesús tomó sobre sí la maldición de la ley (Ga 3.13) para que los gentiles participaran de la herencia de Abrahán. La cruz es además la demonstración de la justicia (Rm 3.24-26) y del amor (Rm 5.8) de Dios, el evento en que Dios actuó para la redención del mundo. Es un misterio que confunde la sabiduría humana y desprecia el poder mundano (1 Co 1.21-31). Para la ética del NT es importante otra dimensión de la cruz: fue un acto de obediencia amoroso y sacrificado que es paradigmático para todos aquellos que están en Cristo (27).

En varios lugares Pablo describe a Jesús dando su propia vida. Por tanto, la muerte de Jesús no fue un accidente ni una injusticia. En Ga 1.4 Pablo nos dice que Jesús fue ese que “se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre” (LBLA). Luego, en Ga 2.20 Pablo dirá que Jesús “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (LBLA).

Sin debilitar la unicidad del evento del Calvario, Pablo interpreta el acto desprendido de Jesús dar su vida como una metáfora de acción para sus comunidades. Los creyentes deben servirse unos a otros en amor. Con esto de fondo podemos comprender un texto como Ga 6.2, que dice: “Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (LBLA) (27-28).

De la misma manera que la muerte de Cristo es una metáfora para la obediencia de los creyentes, la resurrección de Jesús es para Pablo un signo de esperanza de que esos que sufren por la fe serán finalmente vindicados por Dios. Pablo espera “conocerle a El, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como El en su muerte, a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos” (Flp 3.10-11 LBLA). Para Pablo, sufrir por la fe y servir a los hermanos creyentes es participar en los sufrimientos de Cristo (la cruz) (30-31).

La muerte de Jesucristo es un acto de fidelidad que simultáneamente reconcilia a la humanidad con Dios y establece una nueva realidad en la cual somos libres del poder del Pecado, siendo capaces de imitar el patrón de su vida (32). Por eso Pablo afirma con fuerza:

Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Ga 2.20 LBLA modificada).

Para otros ejemplos de cómo Pablo utiliza la cruz como metáfora para la vida comunitaria de sus iglesias ver Rm 15.1-3, 7; Flp 2.1-13.

El día que se rasgaron los cielos

Marcos 1 9 Y sucedió que en aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Y cuando salía del agua, inmediatamente, él vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como una paloma. 11 Y una voz vino de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido».

Desde poco antes de comenzar el año empezaron a aparecer en programas de televisión y en medios noticiosos predicciones sobre el año 2015. Los mensajeros del futuro, en su mayoría, se especializan en la vida de los famosos y vociferan sobre sus futuros éxitos o fracasos: divorcios, casamientos, enfermedades, prosperidad, etc. Pero sabemos que las predicciones no son algo nuevo y que no se limitan a la vida de los famosos. Los seres humanos a lo largo de la historia han buscado conocer sobre su futuro. Explorando en lo que aún no ha sucedido buscan respuestas para el presente y seguridad existencial.

Contrario a perspectivas apocalípticas sobre el futuro que pululan entre muchos creyentes, que no hacen más que infundir temor, la buena noticia (evangelio) de Jesús no nos remite a un futuro desconocido sino a un pasado victorioso. En Jesús se cumplen las esperanzas de Israel (y del mundo). Este cumplimiento comienza a develarse de manera magistral en el capítulo 1 de Marcos:

Luego de Jesús ser bautizado por Juan, cuando salía del agua, Jesús tuvo una visión privada en la que vio “los cielos rasgados”. La expresión de Marcos difiere de la encontrada en Mateo y Lucas, que hablan de cielos abiertos. Lo que se abre se puede volver a cerrar, pero lo que está rasgado no puede volver a su condición original tan fácilmente. Para Marcos, en el bautismo de Jesús se ha dado una transformación cósmica fundamental e irreversible. Por su gracia, Dios ha derramado su Espíritu en la tierra. Ambas imágenes, los cielos rasgados y la venida del Espíritu son una señal de la llegada del eschaton.

Pero esto no termina, en la visión el Espíritu desciende sobre Jesús como paloma. Esto nos remite al relato de la creación de Gn 1, donde el Espíritu sobrevuela (incuba) sobre el caos primordial. Esto establece un paralelismo entre el principio y los días de Jesús: con el descenso del Espíritu da comienzo una nueva creación. Esa nueva creación se concentra en Jesús, a quien la voz celeste aclama como su Hijo amado. Tras la resurrección de Jesús nosotros también podemos participar de esa realidad escatológica. Por la fidelidad de Jesucristo nosotros también podemos ser llamados hijos de Dios y ser nueva creación.

Si bien los cristianos miramos hacia el futuro con la esperanza de que Jesucristo venga por segunda vez, nuestra fe mira al pasado a lo que Dios ya hizo. Para conocer sobre eso no necesitamos astrólogos ni adivinos, sino ir a los escritos que los primeros cristianos nos dejaron. No tenemos que vivir en temor pues los cielos ya han sido rasgados. Esperamos la consumación de los tiempos sin temor pues nuestra victoria ya sucedió en Jesús.