Es tiempo de algo nuevo

14 Después que metieron a Juan en la cárcel, Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios. 15 Decía: «Ya se cumplió el plazo señalado, y el reino de Dios está cerca. Vuélvanse a Dios y acepten con fe sus buenas noticias.» (Marcos 1:14-15)

¿Cuántos no hemos sentido que nuestros sueños se hacen pedazos? Sueños laborales, sueños matrimoniales, sueños familiares, sueños sociales, sueños políticos, sueños y sueños que no se cumplen. Así habían estado los judíos por más de quinientos años: exiliados, dominados política y militarmente, pequeños, diminutos, con aquellas esperanzas pasadas hechas pedazos. Primero los dominó Asiria, luego Babilonia, después Persia, los griegos y ahora Roma. Su fe había vencido el paso del tiempo, pero su futuro era incierto. Ahora, dominados por Roma, seguían siendo la pequeña y débil nación que por siglos habían sido. Pagando grandes impuestos, sumidos en la pobreza, se hacían las preguntas que muchos de su pueblo se habían hecho antes: ¿Dónde está Dios? ¿Qué pasó con sus promesas? ¿No dijo él que la casa de David sería establecida para siempre? ¿Debemos ir a la guerra? ¿Sólo con sangre se cumplirán las promesas de Dios?

En ese ambiente, rodeado de tanta circunstancia negativa, dice Marcos que marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado; convertíos y creed en la Buena Nueva.» Podemos pensar en los “buenos días” que damos a las personas en la mañana. En el Chavo del Ocho se respondía, cuando algo no iba bien, “¿Qué tienen de buenos?”. Este desconocido proclamaba “disque” buenas noticias de parte de Dios. Se veía como ellos, hablaba como ellos, en nada parecía ser especial y para colmo era de Nazaret. ¿Cómo saber si lo que decía era cierto? No podían. Existían dos posibilidades: aceptar lo que decía o rechazarlo.

Jesús de Nazaret decía que el tiempo de Dios se había cumplido. El plan de Dios se llevaría acabo y su mensajero lo estaba dando a conocer. El reino de Dios estaba cerca. Pero, ¿a qué se refería Jesús con el reino de Dios? “El reino de Dios era lo que Israel estaba esperando. No era un buen consejo, una nueva agenda política o una nueva espiritualidad. Este eventualmente llevaría a consejos, agendas y ciertamente a la oración, pero en sí mismo era algo más profundo. El reino de Dios era la buena noticia de que el Dios de la historia estaba en movimiento, que estaba entrando en su reino y demandaba de Israel una respuesta definitiva.” (Wright)

La llegada del reino tenía que ser acompañada por la conversión. Cuando Jesús llamaba a la gente a que se volvieran a Dios lo hacía en dos sentidos diferentes: a) Que se alejaran de las agendas políticas y sociales que estaban llevando a Israel a una guerra disparatada y ruinosa. b) Que Israel volviese a una verdadera lealtad a Dios. Jesús está tomando un tema de los profetas: la llamada continua de Dios a su pueblo de arrepentirse o volverse a Él con todo su corazón. Juan el Bautista ya había comenzado a hacer esta llamada. Esto último es lo que debía pasar antes de que Dios redimiera a Israel finalmente. El llamado al arrepentimiento es parte del anuncio de que ha llegado el gran momento de la libertad, el tiempo del rescate de Dios.

Esta decisión del pueblo al arrepentimiento necesitaba fe. Los contemporáneos de Jesús confiaban en todo tipo de cosas: en su linaje, en su tierra, su templo, sus leyes y su Dios (siempre y cuando hiciese lo que ellos querían). Ahora Jesús los llamaba a que confiaran en las buenas nuevas de que su Dios estaba haciendo algo nuevo. Para ser parte de la acción, ellos tenían que soltar a lo que tanto se aferraban y confiar en él y su mensaje. ¿Sería cosa fácil? Sabemos que no, pero también sabemos que hubo quienes respondieron al llamado de Jesús.

Para discutir:

– ¿A qué te aferras que te impide responder al llamado de Jesús?

– ¿Cómo la iglesia en Puerto Rico está mostrando el reino de Dios?

– ¿A qué tipo de conversión llama Dios a Puerto Rico?

Una respuesta a “Es tiempo de algo nuevo

  1. Muchas veces nos aferramos a los no puedo, a los problemas, y a un montón de excusas, y aunque muchas de las excusas no son intencionales, sino que simplemente sus limitaciones no los dejan ver mas alla.

    En otros casos, la misma religion y la tradicion no les permite ni responder al llamado ni mostrar la iglesia que Dios quisiera que fueramos.

    Muchos saludos, espero que esten bien, Dios te bendiga

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