Cuando no se tiene el control

El relato que nos ocupa hoy (Gn 16) nos presenta a uno de esos personajes marginados del texto bíblico que es recipiente de una gran promesa de parte de Dios: Agar. ¿Quién era Agar? En resumidas cuentas, Agar era una esclava egipcia perteneciente a Sarai, esposa de Abram (v. 1). Conocemos por el relato que Sarai era estéril y que existían leyes que le permitían dar la esclava a su marido para tener hijos, cosa que Sarai hace (vv. 1-4). El hijo de la esclava sería considerado hijo de Sarai. Cuando Agar quedó embarazada vio esperanzas de enaltecimiento y “comenzó a mirar a su señora con desprecio”(v. 4). La actitud de Agar creó tensiones entre Abram y Sarai (v. 5). Luego de una conversación entre Abram y Sarai, Agar perdió todos sus privilegios y comenzó a ser víctima de maltrato. Tanto fue el maltrato que Agar huyó de la casa de Abram (v. 6). Mientras se encontraba en un pozo en el desierto, Agar tuvo un encuentro con Dios que le incitó a volver con Sarai al mismo tiempo que se le prometió una descendencia numerosa (vv. 9-12). Tras esa manifestación divina Agar nombró a Yahvé «el Dios que ve» (v. 13). Le invito a ver su vida en la experiencia de Agar.

Agar fue una persona que no tuvo la libertad de elegir su vida. La vida le impuso la esclavitud y unas personas de las que no podía escapar, situación que era más fuerte que su voluntad de ser libre. Y justamente cuando hubo un atisbo de libertad (cuando fue dada por mujer a Abram y embarazada), su misma seguridad la traicionó y la sumergió en un pozo más hondo de maltratos que nadie merece soportar. No había esperanzas, sólo ansias de correr hasta donde diesen las energías, y así hizo. Corrió, huyó, fue al desierto donde no había nada ni nadie que la molestara, sólo el calor, la sed y su desesperanza.

De la misma manera nos encontramos muchas veces nosotros. Piense en todas las cosas que nos son impuestas por la vida. Algunos de nosotros hemos llegado a trabajos donde la gente es difícil de tratar, pero nos mantenemos por la necesidad de un sueldo. Así mismo otros pertenecemos a familias disfuncionales donde los problemas son el pan de cada día y no hay paz. Todos en Puerto Rico hemos experimentado el aumento en el costo de vida que ha ocasionado que muchos puertorriqueños salgan del país en busca de mejores oportunidades. Todas las anteriores son situaciones que pueden causar desesperación e impotencia. Son eventos que no controlamos en los que estamos sumidos hasta el fondo. ¿Qué hacer cuando no hay escapatoria? ¿Qué actitud debemos asumir a la hora de enfrentar la injusticia y el maltrato? El escritor Leonardo Boff en su libro La cruz nuestra de cada día nos da tres opciones.

En primer lugar, podemos ser rebeldes. Como somos seres intrínsecamente valiosos nos aferramos a esa dignidad contraponiéndonos a la humillación. Esta es la opción que eligió Agar de primera instancia cuando «comenzó a mirar a su señora con desprecio» y cuando huyó. «Prefiero huir de este lugar que seguir soportando todas las humillaciones que vivo constantemente» –debió decirse. Este es un acto de desesperación extrema causado por otros.

La segunda actitud posible es la resignación. El que está resignado acepta las cosas como vienen y sufre permanentemente. Como dice Boff, el resignado «sobrevive en la derrota». ¿Cuantos de nosotros no nos hemos resignado a la situación de nuestros hogares, de nuestras calles y nuestro país? La situación nos parece tan grande y nuestras posibilidades de hacer algo trascendental tan pequeñas. En la resignación sufrimos conscientemente y no hacemos nada al respecto.

La tercera actitud es «asumir la cruz». Las palabras de Dios a Agar la llevan en esa dirección. «Regresa al lado de tu señora, y obedécela en todo» (v. 9). La esclavitud sigue siendo impuesta, pero ahora Agar va a Sarai con una actitud de reconciliación que trasciende su circunstancia. A pesar de las penurias que podrá experimentar, Agar actúa sostenida en una promesa de restauración dada por el mismo Dios. Las posibilidades que no existían vieron la luz gracias a la palabra divina. Ahora Agar tiene fe, y esa fe transforma su visión de Sarai y Abram y la encamina de vuelta al lugar del que huía. Ahora Agar sabe que a donde ella vaya Dios la está mirando.

Existe un detalle importante en el que necesitamos abundar: Agar era víctima de maltrato. Existe un peligro en cómo interpretamos el hecho de que Dios le haya ordenado volver al lugar donde era maltratada. Puede sugerirse que Dios desea que usted soporte el maltrato hasta que Él haga un milagro, pero nada más lejos de la verdad. Debemos afirmar que Dios es un Dios de vida y que todo aquello que atente contra la vida se opone a la voluntad de Dios. Debemos afirmar que la intención de Dios para Agar fue realmente para su bien mientras llegaba el momento indicado para el cumplimiento de la promesa. En ocasiones las mayores bendiciones vienen luego de tiempos de mucho sacrificio.

Se asume la cruz cuando no hay más posibilidades y no se puede salir de una realidad exterior que nos hace daño. Podemos rebelarnos y hacernos daño intentando preservar nuestra dignidad. Podemos resignarnos y vivir derrotados restregándonos en el fango. O podemos llegar a un acuerdo con la realidad y vivir los problemas con ligereza, amando, dándonos y siendo gozosos gracias a la esperanza que nos ha sido dada en Jesús.

Sé que la respuesta natural a una situación problemática es la huída. ¿Cuántos no habremos querido huir de una profunda crisis familiar? ¿Cuántos no habremos querido huir de situaciones difíciles en nuestros trabajos? Me permito un testimonio sobre mi esposa.

Meses antes de casarnos mi esposa consiguió un nuevo empleo. Se le había dicho de antemano que el trabajo era fuerte, que el jefe era algo molesto, pero la paga buena. Nos hacía falta. Como alguien que tenía ganas de «echar pa’ lante» con esfuerzo, mi esposa no dudó en solicitar el trabajo. Lamentablemente, el jefe no solamente resultó ser una persona exigente, sino alguien que faltaba el respeto y humillaba a sus empleados. Mi esposa fue siempre excelente en su trabajo y nunca respondió negativamente al maltrato laboral que experimentaba, aunque sí lo sufría. Finalmente se abrió la posibilidad de un nuevo empleo y ella entregó la carta de renuncia. Durante ese tiempo dio lo mejor y su jefe no pudo quejarse de su obra. Admiro a mi esposa por su temple y sabiduría, porque a pesar de que quiso huir en muchos momentos, escuchó Otra Voz más sabia que la invitó a esperar y obedecer mientras se abrían otras puertas.

Las opciones están ante usted. Cuando experimenta una situación negativa de la que no puede escapar, ¿se rebela, se resigna o asume su cruz? Dios le incita hoy a que deje de huir de la realidad, a que tome su cruz y tome decisiones de vida. Tal vez los problemas no se acaben, pero Dios quiere que en medio de sus circunstancias usted viva con fe, a la expectativa de nuevos caminos que conduzcan a su plena realización. Dios no se ha olvidado de usted, Él lo está mirando.

Oración de afirmación

Padre nuestro,

Hoy nos gozamos ante la revelación de saber que tú nos ves. Ayúdanos a soportar todas las circunstancias que nos son impuestas con amor y paciencia. Que así como Agar podamos encontrarnos contigo en nuestros desiertos y ser recipientes de promesas de vida. Ayúdanos a vivir con la fe puesta en Cristo Jesús, quien tomó en sí nuestras cargas y sufrimientos. En su nombre oramos,

Amén.

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