Tiempo de Trascendencia: El ser humano como un proyecto infinito (1)

Hoy comienzo a resumir el libro Tiempo de Trascendencia: El ser humano como un proyecto infinito de Leonardo Boff. Espero que estas breves incursiones en el libro le motiven a comprarlo y a ampliar los horizontes de su pensamiento.

1. Somos seres de protest-ación

Los humanos somos seres de «acción de protesta». La realidad se nos hace pequeña y existe en nosotros la capacidad de romper todos los esquemas que intentan empequeñecernos y limitarnos. Aún en las represiones más severas, la acción de protesta ha roto barreras y derrumbado sistemas con su voz reafirmando así la grandeza intrínseca del hombre. Esa capacidad de ir más allá de lo impuesto es lo que llamamos «trascendencia». El ser humano tiene una existencia «condenada a abrir caminos siempre nuevos y siempre sorprendentes».

La trascendencia es una dimensión intrínseca del ser humano. Por lo tanto, sería un ejercicio positivo reconsiderar las formulaciones tradicionales de la religión en relación a la inmanencia/trascendencia. Más específicamente, aquellas formulaciones que colocan a Dios, al cielo, los ángeles y toda realidad espiritual en un «mundo trascendente» mientras todo lo creado vive en la inmanencia. Esta concepción religiosa da como resultado una yuxtaposición y contraposición entre Dios y la creación.

Como correctivo a esta concepción Boff nos dice que las religiones son representaciones del mundo, invenciones y proyecciones humanas. Existe una realidad originaria que antecede el nacimiento de las religiones. Las religiones interpretan esa realidad originaria que es, adelantándome al próximo capítulo, «la experiencia del propio ser humano como ser histórico, como ser que está haciéndose constantemente».

Comentario

Puede parecer de primera instancia que Boff cuestiona el origen divino de las religiones, pero al menos, en el caso del cristianismo no tiene por qué ser así. La experiencia humana como originaria de la religión no tiene por qué contraponerse al origen divino de la religión cristiana. Las Escrituras siempre han hablado de un Dios que se hace presente en la historia, que está íntimamente envuelto en los asuntos humanos y se preocupa por toda la creación, por tanto, no debe parecer extraño (al menos para los cristianos) que la experiencia humana sea el origen de la religión.

La experiencia de los discípulos con Jesús y, en particular, el evento de la resurrección fue el que dio nacimiento a la religión cristiana. Fue esta experiencia con el Cristo resucitado la que obligó a los creyentes a interpretar de manera creativa las Escrituras hebreas y su toda su realidad y les impulsó a escribir las Escrituras neotestamentarias.

Es en este sentido, al menos en referencia a la religión cristiana, que podemos decir que la religión es una invención humana.

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