Lo que Pablo perdió (4)

Esta es la última entrada de esta serie en la que discutimos el capítulo uno del libro Spirituality According to Paul: Imitating the Apostle of Christ de Rodney Reeves titulado Foolish Death: Suffering the Loss of All Things. Próximamente continuaremos con otros temas basados en el libro de Reeves.

Anteriormente discutíamos lo que Pablo perdió cuando se encontró con Jesús de camino a Damasco. Habíamos dicho, siguiendo a Reeves, que Pablo perdió su capacidad de presumir, su identidad, su reputación y, añadiremos hoy, su antigua manera de interpretar la vida (perspectiva).

Perspectiva

Ahora que vivía para Cristo Pablo interpretaba su vida por el lente de la cruz. “Esta marcó el fin de su vida, que era muerte, y el comienzo de su muerte, que era vida” –nos dice Reeves. Y la cruz no estaba lejos. En medio de todos sus problemas Pablo veía la cruz de Cristo, lo que convertía sus vicisitudes en buenas noticias.

En una ocasión Pablo fue arrestado a causa del evangelio y la iglesia en Filipos se preocupó por su vida y ministerio. Si Pablo era condenado a muerte ésta significaría un duro golpe a las iglesias con las que él se relacionaba y a la expansión del evangelio. Sin embargo, en la carta de Pablo a los filipenses él parece ver su encarcelación desde otra perspectiva.

Yo sé que esto servirá para mi salvación, gracias a vuestras oraciones y a la ayuda prestada por el Espíritu de Jesucristo, pues espero firmemente no sentirme en modo alguno fracasado. Al contrario, tengo la plena seguridad, ahora como siempre, de que Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte, pues para mí la vida es Cristo, y el morir, una ganancia. (Flp 1.19-21; énfasis mío)

Pablo sabía que nada negativo podía extinguir el poder de Dios pues este se encuentra en la cruz. Aún más, Pablo sabía que toda su vida pertenecía a Cristo. Escritas en el corazón de Pablo estaban las palabras de Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” (Mc 8.34-35).

Es por esto que Pablo llamó a los filipenses a estar alegres (Flp 4.4). Lo que le estaba sucediendo a él también le sucedió a Cristo. Y gracias a la cruz había esperanza de resurrección (Flp 2.5-11).

Las cosas que le sucedieron a Pablo nunca estuvieron fuera del plan. Es por eso que aún en prisión Pablo conservó la paz. La cruz le daba muerte a su vida y él la acogió con regocijo. El mensaje de Pablo nunca cambió. “Poned por obra todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, y el Dios de paz estará con vosotros” (Flp 4.9).

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