Un poco de perdón, de hijos rebeldes y familias

Hijo pródigo“Yo perdono pero no olvido.” Esa es una frase que hemos escuchado muchas veces a lo largo de la vida. Tal vez nosotros mismos se la hemos dirigido a una persona que nos ha hecho daño en algún momento. ¿Qué nos sugieren estas palabras? Estas nos dicen que las consecuencias del daño causado aún perduran. Nada será igual. En una relación de pareja estas palabras pueden significar una separación definitiva. Por ejemplo, una de las partes accionó de manera irresponsable y luego pide perdón. La pareja acepta su arrepentimiento y le dice: “Te perdono”. Pero después añade: “No te guardo rencor, pero ya no podemos continuar juntos”. Esto nos dice que hay acciones que rompen los lazos familiares y relacionales de manera fulminante.

Uno de los sucesos más conocidos para las familias en Puerto Rico, que muchas veces es causa de grandes conflictos y separaciones, es el embarazo de adolescentes. Según el Departamento de Salud de Puerto Rico en el año 2008 hubo 8,136 nacimientos de madres adolescentes. De ese total, 147 madres eran menores de 15 años y 3,001 estaban entre los 15 y 17 años. En nuestro país los y las jóvenes en ese rango de edad están aún bajo el techo de sus padres. Además, todavía no terminan sus estudios superiores. En ocasiones la noticia significa un rompimiento en la relación de padres e hijos. Las altas expectativas que se pudieron tener de ese hijo o hija son tiradas por el suelo. Algunas relaciones familiares se recuperan de esa crisis, pero otras no. Este cuadro nos debe hacer pensar por qué surgen estas situaciones dentro del hogar y cómo se manejan.

En Lucas 15.11-32 también nos encontramos una historia de conflicto familiar. Sin pretender agotar el tema, esta parábola nos muestra un posible escenario de conflicto familiar y parte de la solución. La parábola nos cuenta de un hijo rebelde, posiblemente un adolescente, que quiere irse de casa. Para hacer posible sus planes toma una decisión que para esa época era una infamia, pedirle a su padre la herencia y el derecho a manejarla mientras él vivía. Al solicitar su herencia y el derecho a utilizarla mientras su padre vivía, el hijo menor corta la relación con su familia y comunidad. Si regresaba no lo tratarían muy bien, habría violencia, en especial cuando su familia supiese que gastó su fortuna en tierra extranjera.

El joven partió a una tierra lejana, pero las cosas no le fueron muy bien. Malgastó su dinero y, para sumar las cosas, hubo hambruna en la tierra que vivía. Esto lo obligó a tener un trabajo que cualquier judío consideraría degradante: cuidar cerdos. Su necesidad fue tal que pensó regresar arrepentido a la casa de su padre y solicitar ser como uno de sus trabajadores. Estos trabajadores era gente que se contrataba por un día y vivían en el límite de la pobreza. Para él vivir así sería mejor que su condición actual. Se dispuso y tomó el camino de regreso a su casa.

El texto nos dice que “cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos” (v. 20). No malentendamos el texto. Este padre no era puertorriqueño. Cuando alguien corría en el Próximo Oriente significaba que había una emergencia. Agarrarse la túnica para correr denotaba falta de dignidad y enseñar las piernas era causa de deshonor. El padre corre porque su hijo menor está en peligro de ser mal recibido por parte de la comunidad. Él tuvo compasión. Cuando el padre besa a su hijo y lo abraza da un mensaje público de que este se encuentra bajo su protección. El hijo expresa arrepentimiento y el padre responde restituyéndolo a su posición de hijo. Había dejado de ser hijo y había regresado arrepentido. Estaba muerto y había vuelto a vivir; se había perdido y había sido encontrado (v. 24). Por esta razón se celebra una gran fiesta en la casa del padre.

Vale la pena hacer un alto para aclarar unos puntos importante. En primer lugar, la iglesia cree en el perdón que detiene el ciclo de violencia. Decir que se perdona pero mantener relaciones hostiles hacia otros no es verdadero perdón. En casos de pareja, si perdonamos y continuamos la relación tendremos que vivir con las consecuencias de las acciones que nos afectaron, pero estas no serán la causa de nuestras peleas. Cuando perdonamos y restituimos una relación es para movernos adelante, no para estar mirando hacia atrás y haciendo reclamos de un pasado que no se puede cambiar. En segundo lugar, se pueden restituir relaciones cuando hay un verdadero arrepentimiento y un cambio relativamente permanente en la conducta. Esto es particularmente importante para aquellos involucrados en ciclos de violencia en la familia. La iglesia promueve el perdón hacia aquellos que hacen daño pero también afirma que hay que manejar adecuadamente las situaciones de violencia que no tenemos porqué soportar. Contrario a lo que se anunciaba en los púlpitos en el pasado, los cristianos de hoy no predicamos el masoquismo. La vida de hombres, mujeres y niños valen para Dios y para nosotros. Estamos en contra del maltrato y la violencia en todas sus manifestaciones.

Como decíamos, el padre recibió al hijo y, con sus besos y abrazos, lo protegió de la respuesta natural que le hubiese dado su familia y comunidad. Recordemos que en una cultura patriarcal el padre es el jefe de familia y se respeta su decisión. Sin embargo, el hijo mayor responde al acto restaurador del padre con malestar. “¿Cómo es posible que mi padre le haga una fiesta a alguien que malgastó su herencia?” Aún más, el hijo mayor teme que ahora que el hijo menor ha vuelto merme la parte de la herencia que le corresponde.

¿No es la respuesta del hijo mayor la que tendríamos todos nosotros? La realidad es que muchas veces las familias tenemos que lidiar con las consecuencias de decisiones que no fueron nuestra culpa. Ahora que el hijo menor ha sido restituido a la familia es el hermano mayor, el que siempre estuvo ahí para su padre, quien se exilia y deja de ser feliz. Él no está contento de que el que estaba perdido hubiese regresado. No está contento de tenerlo bajo su techo, porque lo que queda de herencia le pertenece a él. Es un buen momento para reflexionar sobre cómo tratamos a aquellos de nuestra familia que se han equivocado en algún momento pero que siguen estando ahí. Aún más, debemos evaluar si esas relaciones nos están drenando la vida y nos están quitando la alegría. Si una situación le afecta de manera profunda no dude en solicitar la ayuda del pastor o la de algún profesional. Su vida vale mucho.

La iglesia está llamada a ser una comunidad de perdón y restauración. Nosotros somos «los hijos y las hijas menores» que han vuelto a casa. Nuestro padre es Dios y él nos ha protegido dándonos un ambiente propicio para comenzar otra vez, la iglesia. Qué mal hubiese sido que alguien nos dijera, como pensaba el hermano mayor, que no teníamos oportunidades de ser parte de la familia de Dios. El arrepentimiento en nuestro corazón ha abierto las puertas a una relación restaurada con Dios y con nuestro prójimo.

Somos llamados hoy a reproducir ese perdón divino (protector y restaurador) en nuestras familias. ¿Cómo están las relaciones en su hogar? ¿Hay arrepentimiento? ¿Hay perdón? ¿Qué decisiones se deben tomar para que haya una vida plena en su familia? ¿Cómo es su relación con aquellos que han tomado malas decisiones y se han arrepentido? ¿Reciben su apoyo o son echados a un lado? Necesitamos que Dios esté presente en la vida de nuestras familias. Nos ayude Dios a vivir plenamente experimentando su perdón y anunciándolo al mundo a través de nuestras relaciones familiares.

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