Tiempo de Trascendencia: El ser humano como un proyecto infinito (9)

Leonardo BoffContinúo disfrutando resumiendo Tiempo de Trascendencia: El ser humano como un proyecto infinito de Leonardo Boff (Sal Terrae, 2002).

9. Transdescendencia: Singularidad del cristianismo

El ser humano, como proyecto infinito, siempre “tiene” trascendencia. Esta “es una situación del ser humano, que fue condenado a vivir esta dimensión, a violar las prohibiciones, a superar los límites” (p. 77). Pero no todos somos conscientes de esa trascendencia latente que nos embarga. Por esto es necesario hacer de la trascendencia “un estado permanente de conciencia y en un proyecto personal y cultural” (p. 77). ¿Cómo se logra? Creando espacios para contemplar, interiorizar e integrar esa trascendencia.

La trascendencia trivializa toda las cosas, de manera que nada nos absorbe. Si nada nos amarra, podemos superarlo todo, podemos enriquecerlo todo. El mal no es absoluto. La trascendencia está unida a la esperanza que nos impulsa en decisiones a lo desconocido. Y cuando todo se nos viene en contra, la protesta es síntoma de trascendencia.

La experiencia del cristianismo Boff la define como «transdescendencia», que es “descender y buscar el suelo” (p. 78). El Dios cristiano emergió de la pobreza humana y predicó el amor y la unidad entre las personas. No fue reconocido y murió crucificado. Descendió a los infiernos, que Boff define como “esa dimensión en la que estamos absolutamente solos, a la que nadie puede acompañarnos, ni siquiera la persona amada: es el momento personalísimo de nuestra muerte” (p. 79). Ni la muerte puede separarnos ahora de su compañía. Como bajó (transdescendencia) puede ir a lo más alto (trascendencia).

Al final, es el amor el que baja (Dios es amor). Dios está detrás de los pobres y marginados. El cristianismo busca la trascendencia en la inmanencia (transparencia). Mateo 25 hace referencia al juicio de Dios, que se basará en la justicia y misericordia puesta en práctica hacia el prójimo necesitado. “[E]s cuestión de diafanía, del Dios que brota hacia fuera desde dentro de la realidad, del universo, del otro y del empobrecido” (p. 80). Hay que, por tanto, mantener a raya los dogmas y las doctrinas y asimilar que la experiencia de Dios es más cercana a lo que acostumbramos pensar.

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