La Cuaresma; el ayuno obligado de la diáspora latina (1)

Eliseo Pérez ÁlvarezEsta es la primera parte de la discusión del ensayo “La Cuaresma; el ayuno obligado de la diáspora latina”, capítulo 1 del libro de Eliseo Pérez Álvarez, Ser y comer: migajas en torno a la identidad (2012). El ensayo es una conferencia que él dio en el Seminario Teológico McCormick el 27 de febrero de 2012.

La Cuaresma se refiere a los cuarenta días del Año Cristiano que comienzan el miércoles de ceniza y terminan el jueves santo. Aquellos familiarizados con la tradición cristiana sabemos que el énfasis de estos días está en la penitencia, el ayuno y la oración. La práctica tiene profundas raíces bíblicas: los cuarenta días que ayunó Jesús (Mc 1.12-13 y paralelos); los cuarenta años que Israel anduvo por el desierto (Nm 14.20-38); la duración del diluvio (Gn 7.17), etc.

El periodo cuaresmal es antecedido por dos celebraciones, el Lunes Juguetón (“Romping Monday”) y por el Martes Gordo (Mardi Gras). Pérez Álvarez nos dice que estos días

son la última sentada en la cocina, el último atracón del “living la vida loca” o la vida desbocada de Ricky Martin en donde todo se vale: besar a las personas extrañas; travestirse en el carnaval; ponerse máscaras para ridiculizar a los políticos; tomar posesión de los espacios públicos; gritar: “lo que no mata engorda” y callar: “lo que engorda mata”. (p. 8)

El Mardi Gras es el día en el que se vacían las alacenas pues se acercan los días de ayuno y penitencia.

Es interesante conocer que “la cuaresma misma no es sino una reliquia del tiempo cuando se respetaban los ritmos agrícolas de las vacas gordas y flacas” (p. 8). Primero vino el ayuno debido a necesidad y luego se estableció el periodo cuaresmal como modo de hacer más llevadera la escasez. Hoy vivimos en un permanente Mardi Gras. Ya no se respetan los ritmos estacionales y las industrias manejan el precio de los productos. De manera irónica se puede decir que hoy los pobres engordan.

Hoy en día la industria de la comida chatarra con sus calorías vacías engorda a la gente pobre.… [L]a gordura es en gran medida inducida por el sistema alimenticio diseñado por las grandes corporaciones. El alimento tan cargado de calorías huecas, tan colmado de saborizantes artificiales, tan dependiente de sustancias químicas de sus envoltorios y recipientes, necesariamente conduce a la obesidad. (pp. 9-10)

El Miércoles de Ceniza recuerda la tentación de Jesús en el desierto (Mt 4.1-11). Allí Jesús afirma: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4.4) La manera en que hoy se manejan los alimentos ha puesto en peligro la capacidad vivificante de la comida. “El pan es un proyectil de destrucción masiva” (p. 12).

La abstención de carne durante la Cuaresma se dio por razones prácticas, pues ya anteriormente había escasez de la misma. En la sociedad de Jesús apenas un tres porciento de la población tenía los medios para alimentarse de carne. Hoy, gracias a los fast food o restaurantes de comida rápida, la mayoría de las personas pueden comer carne (¡pero a qué precio!). Se podría decir que existe un tipo de sobreestimación de la carne por encima de los vegetales. La industria carnívora devora miles de recursos que pueden alimentarnos muy bien y que podrían destinarse a personas que, debido a sus circunstancias económicas, están sometidas a un ayuno permanente.

[Continuará…]

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