Observando la vida y sus procesos

Lewis y su esposaHe estado leyendo Una pena en observación de C.S. Lewis, obra redactada poco después de que murió su esposa a causa del cáncer. La misma me ha invitado a reflexionar sobre mi propio proceso de vida, por lo que esto que escribo a continuación tiene mucho de autobiografía.

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Cuando comparto con mis hermanos y hermanas en la fe, escucho radio cristiana o sencillamente estoy en medio de un culto, muchas veces me pregunto si pertenezco a ese mundo llamado cristianismo. Hace unos seis años, luego de una profunda crisis existencial, tuve que revaluar mi fe a la luz de los retos intelectuales y vivenciales que se me presentaron. En el proceso todo mi paradigma ideológico colapsó y puedo llegar a decir que perdí la fe. Tras muchos meses de angustia interna, un día, leyendo un escrito sobre San Agustín, percibí milagrosamente cómo la esperanza de la fe renacía. Pero ya no era el mismo de antes.

En el periodo intermedio entre la pérdida de mi fe y su tímido renacer devoré libros sobre ateísmo, el Jesús histórico, catolicismo, relación entre la ciencia y la fe, arminianismo, calvinismo, teísmo abierto y apologética, además de comenzar a leer blogs en la red. Justo antes de perder la fe conocí a la que hoy es mi esposa, una feviente cristiana que, ya siendo novios, sufrió mis pesares y tuvo que lidiar inesperadamente con mis desvaríos. En el proceso descubrí que el mundo era demasiado grande. Hasta ese entonces había estado dando respuestas simplistas a asuntos demasiado complicados que estaban fuera de mi capacidad. Comenzó en ese entonces una incomodidad generalizada que no me ha abandonado.

El cristianismo al que estoy expuesto comunmente se complace en “disparar” versículos bíblicos para hacer afirmaciones categóricas sobre la vida, la muerte y lo que está entre medio. En mi desarrollo he descubierto que los versículos bíblicos, con regularidad, no son nada sin el contexto amplio de la obra que los contiene. El manejo usual de la Biblia por parte de los cristianos habla más de sus prejuicios e ideas heredadas de la cultura que de un estudio ponderado de su contenido. La distancia temporal y socio-cultural de los autores bíblicos no se reconoce, lo que lleva a afirmaciones disparatadas que ni son una expresión fiel del contenido bíblico ni una respuesta transformadora a la problemática social y personal. Como más, la Biblia se convierte en un libro de motivación.

Yo mismo no puedo escapar de elegir mis propios textos bíblicos, de plasmar mis prejuicios en la teología que proclamo y de reaccionar a mi entorno cultural. Pero no es lo mismo afirmar esto que negar categóricamente la existencia del problema. Día a día reafirmo que mi mensaje cristiano (dolorosamente) tiene poco de revelación divina, este es, más bien, la consecuencia de experiencias, lecturas y ponderación. Hago lo mejor que puedo con lo que tengo. Y creo que todos andamos en el mismo barco. Todos buscamos hacer sentido de esta vida de acuerdo a nuestros recursos, capacidades y experiencias.

Las seguridades que tenía antes de mi crisis ya no existen. El estudio de la Biblia es parte de mi régimen cotidiano. Antes la hubiese utilizado indiscriminadamente para justificar tal o cual cosa. Al presente tengo cuidado pues aún mis ideas sobre ella pueden modificarse (y lo hacen). Hoy vivo en un mundo en guerra. Me paseo por lugares que en cualquier momento pueden volar en pedazos. Sólo basta una idea y todo mi paradigma puede transformarse. Y así soy feliz.

Mi idea de Dios no es una idea divina. Hay que hacerla añicos una vez y otra. La hace añicos Él mismo. Él es el gran iconoclasta. ¿No podríamos incluso decir que su destrozo es una de las señales de su presencia?1

Entiendo el deseo de muchas personas de tener una fe segura, sin dudas ni cuestionamientos. Creo, sin embargo, que tal fe está destinada a ser ingenua. Como leí hace poco, algunos creyentes dejan de pensar al momento de su conversión. Muchos terminan siendo embajadores del anti-intelectualismo, fundamentalismo y sectarismo, expresiones caracterizadas por el miedo a lo “nuevo” y/o diferente. Estoy seguro que existen mejores maneras de vivir.

Quiero pensar que Dios está detrás de mis anhelos existenciales y mis cuestionamientos. Quiero pensar que Él es quien me invita a hacer preguntas y no a dar las cosas por sentado. Ojalá mi mundo se haga más grande. Quiera Él mostrárseme en lugares inesperados. ¡Permíteme, Dios mío, extender mis manos y tocar al menos el borde de tu manto!

1. C.S. Lewis, Una pena en observación (New York, NY: Rayo, 2006), 91.

4 Respuestas a “Observando la vida y sus procesos

  1. Muy sincera, casi me sentía a tu lado.
    Soy agnóstico, pero de pequeño me leía la biblia una y otra vez, lo cual ha hecho que solo ve a en ella un mensaje que se me presta bien lúcido de interpretar, pues pese a todo, para mí es un libro de amor.

    Curioso que cites a San Agustín, el también tuvo que solventar una crisis de fé.
    Un saludo!

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