La tentación del Hijo de Dios (Mt 4.1-11)

Jesús en el desierto

“El intento del corazón del hombre es malo desde su juventud”—esas son palabras que Dios pronuncia en Gn 8.21 tras el diluvio universal y que atestiguan algo profundo sobre la naturaleza del ser humano.[1] “Desde joven el hombre sólo piensa en hacer lo malo” (DHH). ¿De dónde ha surgido esa propensión al pecado? Según el Génesis, desde el principio hemos escuchado la voz de Satán, voz que nos lleva al abismo existencial y nos aparta de la voluntad de Dios.

Ya en el Nuevo Testamento, en cierto momento Jesús le responde a sus críticos judíos que argumentaban ser hijos de Abraham y, por tanto, justos, y les dice:

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. (Jn 8.44)

Fíjese que se dice que el diablo ha estado obrando en la humanidad “desde el principio”. En Ef 2 su autor nos dice que “la corriente de este mundo” es “conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (v. 2). Podemos deducir, entonces, que el modo en que se han construido las sociedades y la manera en que se nos ha enseñado a relacionarnos unos con otros no surgen de la intención del Creador. Desde el principio el ser humano no se ha conducido por los caminos de Dios porque ha tomado por ciertas las mentiras de Satán.

Pero, ¿qué pasaría si en algún momento de la historia un ser humano planteara otro modo de ser humano y sociedad que pusiera boca abajo “la corriente de este mundo”? ¿Qué tal si un ser humano se expusiera a Satán, escuchara sus mentiras y las superara? Las Escrituras nos dicen que tal cosa sucedió en la vida de Jesús. Hoy veremos un pasaje que muestra cómo Jesús venció las tentaciones del diablo. Tal victoria sobre los poderes maléficos que obran en el mundo tuvo su máxima expresión en la cruz y en la resurrección de Cristo.

En el Evangelio según Mateo, luego de Jesús ser bautizado, el texto dice que se escuchó “una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (3.17). Inmediatamente se nos dice que “entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” (4.1). Esto debe remontarnos inmediatamente al pueblo de Israel que, tras ser libertado poderosamente por Yahvé de Egipto, vagó cuarenta años por el desierto.

En Dt 8 Moisés se dirige a los israelitas que están por entrar a la tierra prometida y les dice: “Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos” (v. 2). Esto nos da una pista interpretativa para el pasaje de Mt 4.1-11: nos encontramos ante la prueba del Hijo de Dios. Así como Israel fue probado para confirmar su estatus como pueblo elegido, así mismo Jesús, luego de haber escuchado la voz del cielo que afirmaba su filiación con el Padre, ha de confirmar esa relación con sus acciones. De entrada hemos de decir que Jesús venció sobre la tentación, de manera que el diablo le dejó (Mt 4.11). Quiero, pues, que veamos las pruebas a las que Satanás expuso a Jesús y que hoy se nos presentan, a veces de maneras muy veladas.

El texto de Mateo nos dice que “después de [Jesús] haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (4.2-3). Para entender esta tentación debemos volver al primer versículo que nos decía que fue el Espíritu de Dios, ese que había venido sobre él en el relato del bautismo en Mt 3, quien llevó a Jesús al desierto para ser tentado por Satanás. Ya en el desierto, después de cuarenta días ayunando y con mucha hambre, aparece Satanás a incitarlo a convertir piedras en pan. La respuesta de Jesús es la siguiente: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (4.4). Estas palabras se encuentran en Dt 8.3, cuando Moisés le dice al pueblo de Israel: “[Jehová] te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. En otras palabras, Moisés le estaba recordando a los Israelitas que Dios los había sacado de Egipto al desierto, un ambiente difícil e imprevisible, pero que Dios estaba comprometido con el sustento del pueblo, por lo que proveyó el maná.

La primera tentación se puede articular de la siguiente manera: ¿confiará Jesús en el Dios que lo envió al desierto para su provisión o no? La victoria de Jesús nos muestra una clara conciencia del propósito de Dios para su vida. Dios lo acompañaba y guiaba. ¿Le fallaría Dios? Jesús sabía que no. De la misma manera los creyentes debemos confiar en el Dios que nos guía para nuestra provisión. En ocasiones los ambientes serán difíciles pero debemos estar confiados en el Dios y Padre de Jesús. La otra opción es asumir el mando y tomar decisiones por nuestra cuenta. Pero cuidado, en nuestra vida cotidiana los caminos del Espíritu no se nos aparecen explícitamente. En lo concreto, expresar nuestra confianza en Dios se manifestará usualmente en hacer una oración sencilla poniendo todo en las manos de Dios, meditar sobre cuál es el paso adecuado y actuar.

La segunda tentación va por otro camino. El diablo lleva a Jesús al pináculo del templo de Jerusalén y le pide que se eche abajo citando el Sal 91.11-12. Ahí el salmista declara las protecciones de Dios a aquel que confía en Él.

Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti, y,
En sus manos te sostendrán,
Para que no tropieces con tu pie en piedra. (Mt 4.6)

A esto Jesús respondió: “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mt 4.7). La frase está tomada de Dt 6.16, donde dice: “No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah”. ¿Qué sucedió en Masah? Esto se cuenta en Ex 17.1-7: El pueblo de Israel estaba en el desierto y se encontraba sediento pues no encontró agua en el lugar que Yahvé lo envió. Entonces el pueblo murmuró contra Moisés y tentaba a Dios cuestionando si estaba en medio de ellos.

"Tírate abajo..."Jesús vence la segunda tentación negando tentar a Dios a manifestar su favor de manera fortuita. Tentar a Dios es lo mismo que querer obligarlo a actuar. Esto nos puede incomodar un poco pero en ocasiones las oraciones que se escuchan en la iglesia pretenden hacerle a Dios un torniquete o llave maestra. El asunto se parece un poco a la magia: gestos correctos más palabras correctas, resultado esperado. “Tírate de acá arriba y ya verás que vienen ángeles a agarrarte.” Jesús vence la tentación porque en el corazón de Jesús está hacer lo que Dios quiere, no obligar a Dios a hacer lo que él quiere. Muy bien lo dirá Jesús en Mt 6.10 cuando ore: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Por tanto, de nuestra parte está siempre pensar en la libertad de Dios para actuar o no confiando en que él hará lo mejor por nosotros sus hijos e hijas.

En estos días pasados mi esposa me preguntó qué significaba eso de que los discípulos tomarían serpientes y que no les pasaría nada (véase Lucas-Hechos). Yo le repliqué que se trataba de una promesa de protección a los discípulos mientras ellos cumpliesen la voluntad de Dios. En otras palabras, nada les pasaría hasta que hubiesen cumplido lo que Dios quería de ellos. La apropiación de versículos parecidos para ejecutar actos temerarios es una deformación del mensaje que estos textos quieren promulgar. Un ejemplo de una mala aplicación de las Escrituras es la de un pastor que, a inicios de año y supuestamente guiado por una revelación, murió ahogado por querer caminar como Jesús sobre las aguas ante su congregación. Cuando Jesús hizo un milagro de comida lo hizo por compasión y en consonancia a la voluntad del Padre. Los milagros nacen de la gracia de Dios y de su carácter amoroso.

"Todo esto te daré..."La última tentación tiene una proporción cósmica. “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mt 4.8-9). Se propone una inversión en el estatus de Jesús: de ser un Hijo de Dios sin nada, a ser un servidor de Satanás en posesión de todos los reinos del mundo. Pero tal petición niega un elemento fundamental de la religión judía: Sólo Dios debe ser adorado. Por eso, “Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mt 4.10). Jesús sabía que el Padre era más fuerte que Satanás y que vencería sobre él. Tal victoria se da en la cruz y en la resurrección. Por eso Jesús al final de Mateo dirá: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (28.18).

Hay pues, maneras legítimas e ilegítimas, según Cristo, de obtener poder. Además, hay maneras adecuadas e inadecuadas de definir el poder. El poder de Dios es el poder para servir. Es sólo de esa manera que podemos asegurar que una autoridad es legítima. Ya lo dijo Jesús en Mt 20.25-28:

Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

El 8 de marzo de 2014 se celebraba el Día Internacional de la Mujer que celebra el progreso de la mujer en una sociedad tradicionalmente machista. El machismo asegura que el hombre es superior a la mujer y que por tanto tiene autoridad sobre ella. En nuestro contexto una de sus expresiones es la desigualdad laboral. A las mujeres, a pesar de tener la misma o más preparación que los hombres, se les da un sueldo más bajo o se les niegan los puestos más altos. Otra de sus expresiones es la violencia doméstica en la cual, la gran mayoría de las veces, mujeres y niños son maltratados por no complacer las demandas del hombre de la familia. Todas estas costumbres deformadas de los seres humanos son hechas trizas por el evangelio de Cristo. El orden del mundo no corresponde al orden del Creador. El poder de Dios se expresa en servicio y amor.

Finalmente, luego del Hijo de Dios haber articulado claramente su fidelidad al Padre y desmontado los intentos de hacerle tambalear, el diablo lo abandonó. Y el que estaba hambriento fue servido por ángeles por que sí, como afirma el Sal 91, Dios cuida de los suyos (Mt 4.11). Quiera Dios que nosotros, como Jesús, podamos ser fieles a Él, sometidos a su voluntad y que podamos confiar todos los días que estamos en sus manos. Amén.


[1] A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas son tomadas de la traducción Reina-Valera 1960.

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