Invitación a la alegría

Epifanía

…la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño. Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. (Mateo 2.9-11 LBLA)

El nuevo año comienza tras una gran alegría: la iglesia recuerda el nacimiento de nuestro salvador el día de Navidad. La natividad de Jesús es para los creyentes fuente de regocijo pues nos dice que Dios no es indiferente a la humanidad, sino todo lo contrario. A pesar de una humanidad indiferente al amor, la paz y la justicia, Dios quiso darse a nosotros como humano y camino de salvación. Sin nosotros haberlo merecido Dios ha salido a nuestro encuentro.

La alegría que supone el encuentro con el salvador se celebra el día de hoy, el tradicional día de los tres reyes magos.[1] Quiero enfatizar algunos elementos en el texto de Mateo 2. En primer lugar, podemos afirmar la gratuidad divina en su deseo de revelarse a todo el género humano. El salvador nació en medio del pueblo judío, pero en este texto se resalta que la revelación de Dios llegó también a los gentiles (los magos). En el Oriente se divisó “una estrella”, un fenómeno sobrenatural, que guió a este grupo de extranjeros hasta el encuentro con el salvador en su casa en Belén.

En segundo lugar, el encuentro con el salvador produce en el corazón una profunda alegría. Cuando los magos vieron que la estrella se detuvo sobre la casa del niño Jesús, Mateo describe vívidamente la reacción de los magos: “se regocijaron sobremanera con gran alegría”. Fue Dios quien les señaló el camino y los llevó hasta la casa del niño en Belén. La alegría surgió espontáneamente por haber culminado el camino y de encontrarse frente a la estrella que salió de Jacob (Nm 26.17).

Por último, la gracia divina produce en el corazón gratitud y adoración. En el caso de los magos, ellos dieron honor al rey cuyo nacimiento había sido anunciado en los cielos. En nuestro caso, el Dios vivo nos ha revelado al Cristo resucitado. Hoy, en medio de la alegría que nos abruma, nos comprometemos a servirle en nuestro prójimo necesitado y nuestro mundo amenazado.

Nos ayude Dios a ser fieles testigos de su revelación amorosa en Cristo Jesús y a sobreabundar en alegría. Amén.


[1] En el texto de Mateo, de donde surge la tradición, se trata de unos magos, i.e., astrólogos, astrónomos, estudiosos de los fenómenos celestes. En el texto no se define el número de los magos y tampoco se dice que eran reyes. Además, no hay mención de sus nombres. Todos estos detalles fueron añadidos por la tradición.

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